
¿cuál me compro? ¿Qué debo tener en cuenta a la hora de adquirir uno? ¿Y una vez comprado? ¿Cuáles son las operaciones básicas a la hora de comenzar?
Primero de todo, sepamos o no del tema, estaría bien que tuviéramos en mente un presupuesto límite que pudiéramos manipular ligeramente. Por ejemplo: un televisor entre 600 y 800 euros. Es un punto de partida para seleccionar el rango de productos y descartar otras opciones. Después, tenemos que tener claro el sitio donde estará ubicado el aparato: una habitación, un salón-comedor… Y una vez allí, si la colgaremos de la pared, o bien la dejaremos con su pie de serie. La idea del lugar de residencia del televisor nos indicará el número de pulgadas recomendable, y eso nos permite también hacer una criba. Ante todo, debemos escoger un televisor cuyo tamaño no nos incomode por grande y tampoco nos estropee la vista por pequeño. Para hacernos una idea, es interesante que apuntemos la distancia entre el punto donde estará el aparato y nosotros y, con esa medida en la mente, nos dirijamos a un centro comercial y probemos las diferentes opciones. El tamaño más común y asequible es el de 32 pulgadas, pero podemos querer más o menos dependiendo de nuestras necesidades.
Algo más a tener en cuenta, y no por ello menos importante, es el consumo eléctrico del aparato. En las especificaciones técnicas de cada modelo lo podemos averiguar, que hallaremos en el lugar de compra o bien mirando en la página web del fabricante. Si el modelo en concreto posee métodos de ahorro energético, mucho mejor. En esto, la retroiluminación LED se lleva la palma, ya que consume mucho menos que las LCD tradicionales. Las otras tecnologías descritas en este artículo aún consumen menos, pero todavía no son una opción viable económicamente (o directamente, no existen).
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Ahora sólo os queda comprar vuestro aparato de televisión. ¡A por él!
Recomendamos a los futuros compradores que se informen bien y no se dejen llevar por la compra compulsiva, ya sea a manos de un comercial con mucha labia o por un precio realmente barato. Si queremos algo realmente bueno y que no nos cuelen un gol, lo esencial es informarse, ya sea leyendo un poco (Internet es un pozo insondable de conocimientos) o bien preguntando. Los aspectos a tener en cuenta de un televisor los hemos colocado en el punto 2, y en el resto hay una descripción de todas las tecnologías existentes, así que con este artículo podemos salir con una buena base para meternos de lleno en el periplo de adquirir un nuevo televisor.
Por lo demás, mirar, fijarnos bien y preguntar tantas veces como sea necesario. Un televisor es un aparato que debe durar unos años, por lo que es lógico que su elección sea lo más cuidadosa posible. Es cierto que el mercado es cambiante, y que la tecnología avanza una barbaridad, pero esperar a que salga tal o cual tecnología es igualmente contraproducente: una cosa es ser prudentes y esperar a tener claro un modelo o una tecnología, pero esperar a que las pantallas OLED estén al precio de las LCD actuales, por ejemplo, es demasiado tiempo, y aún y así nunca tendríamos lo último. Lo mejor es ser consecuentes con nuestras decisiones.
Ya lo hemos podido ver: muchas de las tecnologías desarrolladas para pantallas se han estancado o simplemente no han prosperado. El mercado se puebla de LCD y LED, y eso es indicativo de que el consumidor toma decisiones y la industria responde en consecuencia. Quizá, en el futuro, se retomen algunas de las tecnologías descartadas o aparcadas, aparte de que saldrán otras muchas que darán un giro a las actuales o, simplemente, las mejorarán hasta límites insospechados. Cuando llegue el momento, actualizaremos este artículo con nueva información; hasta entonces, sentémonos cómodamente en nuestro sofá, cojamos el mando y encendamos nuestro nuevo televisor. Seguro que pasaremos muy buenos ratos con él :)
